04-03-14



Tiempo a favor
tiempo en mi contra
¿Acaso importa?
Sólo queda el amor.

Es extraña la vida de los objetos. En escaparates sobre seda azul reposan relojes latentes de tiempo desbordantes. Y en un claro canto de plata y cobre cielos arrastrados a su belleza se han condensado. Y el sol no bailó más. Caminó tan sólo, puro ritmo sin musicalidad. Y al compás marchó la aurora celestial, y el mismo Dios se apresuró a ponernos fecha de caducidad.

Cien años. Y mi tiempo ¿Dónde a quedado? Fue arrastrado por el viento a un valle lejano, donde aún estrechando los ojos puedo verlo, mis recuerdos, entre la niebla, olvidando. Rasgos sobre papel marchito, moteado pomposo de mil eras orgulloso. El viejo seco se ha encontrado con mi rostro nuevo, y lo ha chupado. Ha hundido la lengua del vicio en las fosas nasales de un niño. Sutil saliva son mis lagrimas de labios con pestañas derramando ¡Oh! Lubricando, la tristeza en mi mirada.

De esta maquina, de esta mentira, la verdad no dicha, ¡Bendita! La penetración de tu mirada. ¡Y seré violado por tus ojos! Que estúpido deseo. No se puede follar con quien no tiene coño. Y los secretos que buscas ¡Ya los sabes! Los sabes...


Sabes que nuestro amor no es para siempre. Dime, consumista ¿Que hay moderno que sea para siempre? Salvo la fealdad y la muerte, nada. El amor es efímero, su caducidad está programada. Sabes que no estaremos juntos siempre, en no demasiado nos diremos adiós, y cada uno seguirá con sus vidas. Sabes que nos separaremos. Sabes que llegará el desamor. Te cansarás de mi (yo de mi ya me he cansado) y te irás. Y llorarás. Porque la vida es miserable, porque nuestro tiempo no nos deja amar. Y romperás, tu sangre en mil estrellas constelando la verdad. Y volverás a amar. Porque es fácil amar a alguien mejor que yo. Lo encontrarás. Encontrarás a otro chico mejor. Los has tenido mejores, los tendrás mejores. Soy sólo otra penosa transición. De un chico a otro. Y no te importa. Y a mi tampoco. Pero tu me importas. Pero eso da igual. Porque cada vez que de tus labios suena un “te quiero”, yo sólo escucho un “dejar” al final.

Sebastián Vulmén