15-03-14

Las gargantas de mis hermanos siguen gritando en sus valles morados, nadie estudiará su poesía,
pero ellos siguen gritando.
La sangre morada de mermelada temprana, resbala desde sus valles, hasta sus tripas heladas.


Y dicho ésto, basta de azúcar; estoy hasta el escroto de vuestras quejas mudas, de los brazos en alto haciendo callar al único contralto que tiene algo que alegar acerca del maltrato a este submundo de payasos.
Cerráis y agitáis las manos los unos contra los otros, nos os acerquéis a mí, ¡trozos de carne y microbios!

Odios vuestros putos mocos, esos que cuelgan desde la lengua hasta el intestino rojo.
Odio vuestros oídos saturados de cera líquida, que os impide escuchar el límpido paso de tiempo; sois unos hijos de puta, y la tierra os condenará; espero ser la última en morir, para veros gritar.
Me gustaría desgarrar vuestros ojos, y hacer, con ellos, un collar; pero a cambio sólo escribo mierda que no para de brotar.

Rimo las palabras para reírme de vuestra puta cara intentando pillar el ritmo a mi retahíla de insultos purulentos, como purulenta es la tierra que pisas con tu carne medio podrida, sembrando semillas de sangre al paso que deja tu herida.

Tu cerebro se auto-aniquila, y tus labios de mantequilla no paran de comer pollas del color de una polilla.
Puta podrida de esquinas muertas, cuántos insectos habrá en tus tetas; ya no das leche, das miel de colmena, de toda la mierda, sois la abeja reina.

Que os corten los dedos, que os rajen la boca; no quiero saber más de vuestras palabras de foca; que paséis buena tarde, en vuestros nidos de paja, eyaculando vómito y saliva de plata.




Rose Lowell

04-03-14

Tú sigues aquí.
El placer sigue en mi paladar; aunque intentes empujarlo hacia mi estómago.
La Luna sigue en el cielo; y el Sol sigue intentando violarla.
Mis gomas de borrar siguen siendo de color negro, y mis manos, grises.

Los verbos siguen en pasado, aunque estemos en el futuro.
Y mi lengua sigue vomitando sus propias papilas para no tener que saborear más los cuerpos.

Sigue, el egoísmo, naciendo de los anos, y entrando en las bocas.
Saboreamos excrementos blandos y hablamos del Mundo con garantía de cien años Luz.

Una mosca de cemento gris sigue posándose sobre mi espalda los Martes por la mañana; y en mis codos suena metralla.

Mas.. sigo caminando, contigo.
Sigo bailando en el vacío, un vals de larvas lavadas en lava.
Tus volcanes, mi ceniza; siguen obstruyendo mis bronquios de nada.


Rose Lowell

04-03-14



Tiempo a favor
tiempo en mi contra
¿Acaso importa?
Sólo queda el amor.

Es extraña la vida de los objetos. En escaparates sobre seda azul reposan relojes latentes de tiempo desbordantes. Y en un claro canto de plata y cobre cielos arrastrados a su belleza se han condensado. Y el sol no bailó más. Caminó tan sólo, puro ritmo sin musicalidad. Y al compás marchó la aurora celestial, y el mismo Dios se apresuró a ponernos fecha de caducidad.

Cien años. Y mi tiempo ¿Dónde a quedado? Fue arrastrado por el viento a un valle lejano, donde aún estrechando los ojos puedo verlo, mis recuerdos, entre la niebla, olvidando. Rasgos sobre papel marchito, moteado pomposo de mil eras orgulloso. El viejo seco se ha encontrado con mi rostro nuevo, y lo ha chupado. Ha hundido la lengua del vicio en las fosas nasales de un niño. Sutil saliva son mis lagrimas de labios con pestañas derramando ¡Oh! Lubricando, la tristeza en mi mirada.

De esta maquina, de esta mentira, la verdad no dicha, ¡Bendita! La penetración de tu mirada. ¡Y seré violado por tus ojos! Que estúpido deseo. No se puede follar con quien no tiene coño. Y los secretos que buscas ¡Ya los sabes! Los sabes...


Sabes que nuestro amor no es para siempre. Dime, consumista ¿Que hay moderno que sea para siempre? Salvo la fealdad y la muerte, nada. El amor es efímero, su caducidad está programada. Sabes que no estaremos juntos siempre, en no demasiado nos diremos adiós, y cada uno seguirá con sus vidas. Sabes que nos separaremos. Sabes que llegará el desamor. Te cansarás de mi (yo de mi ya me he cansado) y te irás. Y llorarás. Porque la vida es miserable, porque nuestro tiempo no nos deja amar. Y romperás, tu sangre en mil estrellas constelando la verdad. Y volverás a amar. Porque es fácil amar a alguien mejor que yo. Lo encontrarás. Encontrarás a otro chico mejor. Los has tenido mejores, los tendrás mejores. Soy sólo otra penosa transición. De un chico a otro. Y no te importa. Y a mi tampoco. Pero tu me importas. Pero eso da igual. Porque cada vez que de tus labios suena un “te quiero”, yo sólo escucho un “dejar” al final.

Sebastián Vulmén



26-02-14



Soy Sebastián. Pero no soy santo, no soy bello.

Deseo besarte, pero permite antes que abofetee mis labios sangrantes.

Soy Sebastián, una fuente. Mi poca sangre en razonamientos ralentizados desborda el suelo. En el vacío ahogaré mi cuerpo con mi propia sangre.

Más sangre.

Y otra flecha se clava en mi carne magra. Y otra lanza se hunde en mis venas.

Más sangre. Mis labios carmesíes... mis labios de puta, mordidos por mil perros ¡Sangre!

Con navaja, poco a poco, madre ¿Te gusta esta postura? Seguro que las santas estrellas no me ven el culo ahora.

Más sangre, mi cuerpo atado a tu coño, más sangre.

Y en extranjeras concavidades de mis huesos, pellejos colgantes y vacilantes susurran, como las hojas que bailan en los árboles. Engordando sin parar, mi gesto pura costra, y mi boca un desgarro ¡Sangre!

El rojo de la sangre celebra alegre la luz del universo, vacilante en llamas estalla el susurro de mis anhelos.

Me golpeo la cara mientras escribo, desearía mi dolor para quien leyera estas palabras. ¿Negará alguien la belleza de la sangre? Deseo su sabor de nuevo.

Con la fortaleza de un huracán, arrasó la tristeza mi mente. Me siento como un mamón mamado.


Instinto dominado por la superficial máxima del asfalto.

Y ahora, un poema.

Obesas nubes sudorosas gritan
desgarradas con dolor por la luz del sol
¿Que sentimiento aterra tu alma?
¿Que demonios inscribieron
sus nombres en tu tumba?

Soberbia voz es tu poesía,
débil introduces tu lengua
entre las letras negras de
la lluvia.

Reclamo de mi cuerpo
la salud y la enfermedad
en matrimonio con mi muerte,
ofrezco mi mente.



Sebastián Vulmén

21-02-14


Hace aproximadamente cuatro años escribí esto:

"El Metro de Madrid es como un enorme intestino que recorre las entrañas de la ciudad, transportando en gusanos blancos desechos de aspecto notablemente humano. Me destaco entre ellos, no como algo fuera de lo común. Antes al contrario. Soy muestra perfecta de un deshecho humano, que debiera ver el fin de su integridad molecular acompañado por el ruido de agua corriente.

En uno de esos viajes yo estaba sentado cómodamente, escuchando música y viendo como el resto de desechos entraban y salían en un frenesí que a cámara rápida y acompañada de una canción rápida de los años veinte seria extremadamente cómico.

Pero de pronto algo hizo que dejase de pensar en ese tipo de estupideces: en mi vagón entro el que debía ser uno de los hombres más atractivos que he visto. Tenía el pelo negro, y largo, aunque no mucho. Lo justo para que se le formaran unas hondas que merecían tratamiento pictórico individual. Recuerdo que tenía los ojos verdes, y también que se había dejado un poco de barba, muy corta pero muy masculina. A pesar del frió que debía hacer en la calle, llevaba un jersey fino y con cuello ancho, lo que permitía que se quedaran al descubierto los hombros y el cuello. Diecinueve años más o menos. Increíble.

Lo observé con disimulo durante el resto de su viaje. Se bajó en Ciudad Universitaria. Lo vi perderse entre los desechos, y antes de que el metro se pusiese en marcha, estoy seguro de que me miraba. Aunque seguramente solo lo imaginara. Soy consciente de que yo nunca estaré en su lugar, nunca podre ignorar a alguien que se ha quedado prendado de mi. Lo se, porque es obvio que nunca nadie me va a mirar como yo lo miraba a el. Siempre seré un desecho, un despojo devorado por gusanos blancos."

En verdad es sorprendente lo poco que ha cambiado todo. Ha veces creo que he cambiado, pero no. Las vías del metro conservan su atractivo.

Sebastián Vulmén


21-02-14

La sociedad no es más que ese momento en el que tu vida se va con los demás, porque los demás son mejor que tú.

La sociedad está conectada a mi cabeza con cables de látex que me producen una terrible alergia.
Se extienden como una lluvia geométrica dentro de mi cráneo.
Los cables horizontales son las personas que percibo, sus ojos y sus espesas salivas; los verticales, conforman los conceptos abstractos del Amor, la amistad y su puta madre.

Por éstos,  circulan constantemente energías en la dirección que les es natural.
Cuando un cable vertical intersecciona con uno horizontal, se crea un sentimiento, por supuesto, meramente químico.

Te enamoras, y la lluvia eléctrica, se funde.

Lo que era para Mondrian la existencia, es para mí la sociedad.

Joder, habría más sentimiento en hacer un puto café que en hacer el amor.



Rose Lowell

18-02-14


Por favor
tan solo
se sincero
y dime...
a veces
¿No te sientes
como el perro
de un mendigo,
durante el día, compañero y amigo
por la noche, de mi sexo
cobijo?

Te he mentido, lo admito con vergüenza... te he mentido. Tan bien como se que te amo (si es que puede saberse y no sentirse) se que me odio.

Me odio. No sólo no me amo. Me odio. Terrible, me dirás. Me arrancaría la piel de la cara... y ensangrentada la tiraría al váter, me limpiaría con papel higiénico, y tiraría de la cadena. Lo haría. Sólo dos cosas me mantienen con vida, y se que tu amor no es una de ellas. Puedes dejarme sin los remordimientos de olvidar a un muerto. No. Me mantienen con vida el miedo al dolor... y el arte.

Mi arte, mi mal arte. ¿Y que me empuja a crear arte? El mismo odio que me obliga a vivir muriendo.... el odio a mi mismo. El arte es un eufemismo a mi forma de odiarme. ¿No lo entiendes? Si no me odiara... moriría.

Recuerdo bien el colegio...
Todos los niños gritando
“¡Estás muerto!”
Pero era peor... ¡Estaba muriendo!
No seré nadie
¡Voy a serlo todo!

Y seré violado por tus ojos.

Sebastián Vulmén